Hace unos meses decidí acercarme
a una realidad que para muchos MIR MFyC queda lejana y escondida. Sus propios profesionales la definen como la
gran desconocida, la gran olvidada, la sanidad de frontera. Estoy hablando de la Sanidad Penitenciaria.
Y es que ser médica en la cárcel
no se contempla durante la carrera de medicina y apenas se plantea en la
formación MIR. Tampoco la administración
o la sociedad han percibido la prisión como un área de salud dentro del sistema
sanitario, quedando relegada a un servicio coyuntural. Incluso los muros de las cárceles suelen ser
del mismo color que el terreno donde se construyen; tomando cierta distancia,
apenas se distinguen en el paisaje.
La prisión forma parte de mi
paisaje desde hace años. La experiencia
del voluntariado entre sus muros me tatuó una duda que llevaré mucho tiempo en
la piel: ¿y si fueras médica de prisiones?
Decidida a responderme, solicité
una rotación de un mes en una sanidad que es completamente diferente en todo y
a todas las demás. Si hoy volviera a
entrar en prisión me gustaría recordarme lo siguiente:
Llegar al puesto de trabajo
implica cruzar 9 puertas de seguridad que te separan de la libertad en todo
momento, se abren, pasas, se cierran tras de ti y no se vuelven a abrir. Antes de cruzar la primera puerta intenta
abandonar todos los prejuicios que traigas. Tranquila, recuerda que el primer
día te costó mucho entrar pero más te costó salir el último.
Una vez dentro necesitarás ser
paciente porque allí los ritmos no los marcas tú, ser tolerante con nuevos
entornos y formas de trabajar (la cárcel está pensada para cumplir condena, no
es un centro de salud, pero tú sí eres médica). Sé respetuosa con la autoridad
que busca salvaguardar la seguridad de todos.
Tendrás que seleccionar y
utilizar los recursos de la forma más racional
y eficiente posible, conocer los problemas y enfermedades más frecuentes
y estar dispuesta a manejarlos fuera de tu zona de confort. Deberás asumir funciones de atención
primaria, urgencias, centro de larga estancia o crónicos y socio-sanitarias. Ya
sé que hace mucho que no sacas sangre, ni has cosido semejantes heridas, ni has
puesto una escayola, manejado el aparato de rayos X ni el ecógrafo... espabila
porque tienes a profesionales excelentes para enseñarte.
A veces sentirás que la labor
clínica asistencial enfrenta al carácter legal-judicial-regimental, surgirán
conflictos éticos casi a diario, haz una pausa, toma distancia y busca consejo
en quienes ya los experimentaron, sabrás qué hacer.
En las películas la cárcel está
llena de presos, quizá te decepcione la realidad cuando te encuentres con
personas. En la consulta piensa en el
primer paciente que atendiste. Llámale
por su nombre, ya lleva muchos años oyendo su apellido y su módulo. Piensa que
ahora eres su médica, no le condenes que para eso ya estuvo el juez, escúchalo
porque a veces nadie más lo hará, quizá le cueste tomar decisiones compartidas
y le parezca raro que preguntes su opinión porque lleva mucho tiempo sin
decidir nada, cumpliendo órdenes. Ten en
cuenta que vive una marcada rutina donde cualquier pequeño cambio gana intensidad
de forma exponencial y una llamada de un familiar, una visita, un juicio, una
medida coercitiva, una instancia, un permiso, la salida a libertad... o no
cambian nada o lo cambian todo. Permite
desde el respeto sus malos días, su frustración, tú eres libre de tenerlos y él
también. La privación de libertad no
debería implicar peor salud, merecen una médica excelente, no lo olvides.
No es una experiencia apta para
todos los públicos, la vocación penitenciaria te pareció sólo al alcance de
personalidades valientes, fuertes e impasibles, pero ahora sabes que requiere
fundamentalmente sensibilidad, compasión y compromiso. Dudarás de si tienes lo que hay que tener
muchas veces, no te estreses, no hay prisa, yo aún sigo dudando María.