30/06/2021: ¿Puedes llamar a mi hija?

Hace varios meses, conocí a mi hepatopaciente favorito, Gero. Venía remitido por su médico de toda la vida, al que en pocas ocasiones se había acercado a saludar.  Venía para quedarse.  

El culpable era un hígado castigado por el alcohol desde hacía mucho tiempo.  Se había defendido a cicatrices y ahora, agotado, dimitía de casi todas sus funciones imprimiéndole a Gero un color amarillento en los ojos y la piel, un color que presagiaba el ingreso en el hospital desde la primera mirada que cruzamos.

Me contó que había sido poco a poco, que le dolía el costado desde hacía meses, las piernas y el abdomen ganaban el volumen que al resto del cuerpo le faltaba, y le costaba coger aire y caminar desde hacía semanas. Me contó que vivía solo y que solo el espejo se percataba en silencio de su cambio de color.  Yo le dije que en el hígado había algo más que las cicatrices, y que era grave, y merecía toda mi atención y la suya. Después de un silencio me preguntó sólo una cosa "¿Puedes llamar a mi hija Julia?"

Me sorprendió que al preguntarle su número de teléfono no necesitó que le acercase el móvil, lo dijo de memoria y al instante, como dirías tu fecha de nacimiento.

Me fui al despacho, marqué, me presenté y Julia, al otro lado, respondió. Le dije que su padre iba a ingresar, que estaba muy grave, que podría venir a acompañarlo un momento mientras yo lo atendía.  Me interrumpió para gritar que no vendría, que ya sabía suficiente, me advirtió que no la llamásemos de nuevo porque ya no quería conocer el final de esta historia.   Le pedí disculpas y entre sollozos colgó el teléfono.

No sabía cómo contárselo a Gero, ensayaba de camino al box, me sentía capaz de explicarle con detalle que su hígado lo abandonaba, pero no tenía ni idea de cómo decirle que su hija renunciaba a venir a despedirse.  Evitando que el contacto visual me delatase, me senté en su camilla, le cogí la mano y cuando quise empezar a hablar y nos miramos, me di cuenta de que estaba ya todo dicho.  "No va a venir. "

Lo supo incluso antes que yo.  Me contó que no había sido el padre que hubiera deseado, que hacía muchos años que no hablaban por muchas y poderosas razones que le pesaban, que había cometido errores a su juicio imperdonables que dejarían a dos nietos sin conocer a su abuelo amarillo.  Pero tenía que intentarlo ahora que el semáforo de la piel se le ponía en ámbar, y antes de detenerse por completo lo intentó.  Me dijo que la echaba de menos a diario y que sólo quería verla; creo que quería pedirle perdón.

Gero falleció días después y por más que revisé la historia clínica nadie apuntó si habló con Julia o no.  Nos empeñamos en apuntar dónde le dolió, pero no escribimos lo que de verdad le hizo sufrir.

Con Gero aprendí muchas cosas sobre cirrosis hepática, hepatocarcinoma, síndrome hepatorrenal... pero también entendí que no debemos esperar para hacer esa llamada que nos ronda la cabeza, que con el tiempo la culpa es un parásito que solo sabe crecer,  que reunir valor para pedir perdón nos hace tan grandes como saber perdonar, y que hay que intentarlo siempre y hasta el final.


27/06/2021: El tetris de nuestra agenda

Cuando estudias medicina no te imaginas que de vez en cuando te sentarás en la mesa de tu consulta y no será frente a un paciente, será delante de una o varias tablas de excel.   Tu agenda en un papel, tú echarás cuentas, dividirás las horas, decidirás el orden de los pacientes, ajustarás el número de huecos.  Otros días organizarás a tus compañeros en las distintas guardias de los diferentes días del mes, programarás el calendario de sesiones, registrarás las vacaciones y permisos del equipo...  Pensabas dominar diagnósticos y tratamientos y ahora te mueves entre tablas infinitas, cronogramas, calendarios...  No  tenías ni idea de que además de médica serías gestora de tus recursos y tus tiempos.  

Hace unos días AC y yo nos sentamos a reorganizar nuestra agenda.  Es como un tetris avanzado, en el que deberías cuadrar los minutos de la jornada laboral para atender al número preciso de pacientes, dando a cada cual el tiempo necesario, en el espacio más adecuado, en el momento oportuno y de forma que sea asumible, para MFyC humanos, terminar con dignidad y cerca de la hora de salida. 

Con ese objetivo nos sentamos a diseñar las reglas de nuestro particular tetris de cada día.  ¿Cuántos minutos le damos a la consulta telefónica? ¿Cuánto a la presencial? ¿Cuántos huecos guardamos para gestión propia? Hay que separar a los pacientes para que no se junten en sala de espera, hay que dejar huecos a primera y última hora para ser más accesibles, los martes y los jueves deja el hueco de las sesiones, los domicilios los ponemos al final, quita un par de minutos por aquí, pon un hueco más de estos por allá... ¡no me queda rato para hacer un pequeño descanso!,  "¡pero si nosotras no descansamos María!", pues también es verdad...  ¡Entonces ya está lista! ¿Crees que así funcionaremos bien? "Pues...¡ojalá!"

Algunos días las piezas van cayendo en sus huecos a buen ritmo y pasamos de nivel.  Pero otros días cae una que no encaja y te retrasa, cae una sin hueco, caen dos a la vez, y la siguiente ya no sabemos muy bien dónde ponerla y vamos colocando las restantes a trompicones, como podemos, hasta que finalmente acaba la partida, hasta arriba de piezas.  Acaba la consulta y nos quedamos con esa sensación de rápido y desbordante colapso, sensación de derrota, como cuando pierdes al tetris.

Poco a poco tengo que aprender a gestionar el tiempo, dar a cada paciente lo que necesite, ni más ni menos, colocar cada pieza en su lugar, pasando a la siguiente sin prisa pero sin pausa.  No soy especialmente buena con el tetris, perdí la primera partida que jugué, pero con la práctica iré cogiendo la mecánica supongo.  Creo que hay muchos MFyC jugando al tetris por ahí, ¿irán ganando o estarán perdiendo?



25/06/2021: Un mal día

Si vas a dedicarte a la medicina o conoces a alguien que lo hace debes saber algo importante sobre nosotros.   A veces puede parecer que la vocación nos convierte de la noche a la mañana en invencibles héroes con bata que velan incansablemente en defensa de la salud de la población.   Incluso puedes encontrar a quien interprete este papel a la perfección, al menos por un tiempo.   Siento decepcionarte, pero la inmensa mayoría somos comunes mortales a los que ni la vocación librará de las dudas o los errores, del estrés y el desánimo, de pasar malos ratos, muy malos ratos.

Después de una dura consulta, bordeando el desencanto camino anestesiada hasta mi casa, al llegar tiro la mochila pero aún noto todo su peso en los hombros, la ducha fría solo se lleva la capa más superficial del cansancio, pongo algo de música intentando encontrar un cantautor que me parezca lo suficientemente triste.  Hoy ni siquiera en mi refugio habitual encuentro descanso, me he dejado la ilusión en la taquilla, se me han roto las ganas de volver mañana.  En estos casos sólo la escritura reflexiva me devuelve la cordura: "¿Qué te ha pasado? Que me estoy exigiendo un cambio pero aún opongo toda mi resistencia." 

Dos pacientes me han puesto contra las cuerdas sin saberlo, en sus 10 minutos de consulta me han hecho desfilar entre la rabia, el dolor, la impotencia y la pena.  Han tomado una decisión que no comprendo, que no me gusta, que me hace daño, pero que necesitan.  Lo que nunca pensé que haría, lo que nunca pensé que escribiría en una historia,  la mirada que no creí que podría aguantar... se ha colocado frente a mi pidiendo comprensión y se la he dado.  Pero me ha dejado con esta horrible sensación de no tener muy claro si estaré a la altura de soportar el peso de mi propia decisión.  Y es que hoy elijo respetar las decisiones libres de mis pacientes y acompañarlos siempre, aunque a veces no coincidan con lo que yo hubiera querido para ellos, y esto tiene un precio.  Está bien, acepto los malos ratos.

La MFyC ha encontrado uno de mis puntos débiles y yo he descubierto unda de sus flaquezas; parece que nos vamos conociendo mejor, amiga mía, y no sé si darte las gracias o mandarte a la mierda.



19/06/2021: Medicina Familiar y... ¡Ah sí! ¡COMUNITARIA!

- ¿Y cómo dices que se llama tu blog? 
-  Diario de una MIR MFyC, 
- Ah... ¿y eso qué quiere decir? 
- Médica Interna Residente en Medicina Familiar y.... 
- ¿y?
- ... ¡Ah sí! ¡Comunitaria! 

¡Menudo lapsus! ¡Se me olvidó por un momento la mitad de mi especialidad!  Pero tengo que admitir que no me sorprende demasiado. No es infrecuente que pasemos por alto la comunitaria, a la hora de elegir la especialidad primero, en nuestra formación como residentes después, en nuestros equipos de trabajo, y poco a poco en nuestro día a día.

Reconozco que buena parte del tiempo soy Médica de Familia, a secas.  Creo que lo soy porque priorizamos un aprendizaje tremendamente biomédico y simplista, aprendemos a buscar una sola causa a los problemas que se sientan frente a nosotros y buscamos una solución con las herramientas que nos quedan al alcance de la mano.  Cuando invito a un paciente a entrar en la consulta y cierro la puerta, muchas veces olvido que tanto él como yo, dejamos todo nuestro mundo fuera.   

Y es que nuestros pacientes vienen a consulta, pero vuelven a la Comunidad.  Allí tienen su vivienda, buscan o desempeñan su trabajo, se relacionan con su familia y sus amigos, crean sus grupos o se sienten solos, disfrutan del ocio, van a la compra, practican ejercicio y hacen frente a los problemas y contratiempos.  Y allí, cada cual con sus circunstancias (nosotros los llamamos determinantes sociales), es donde experimentan salud y enfermedad.  Si se conoce el entorno, si se pone en contexto, se entiende mucho mejor que cada cual vive o le toca vivir de una forma muy diferente su condición de salud.

Para enseñarme todo esto, mi tutora AC, de vez en cuando me asoma a la ventana porque la comunitaria puede hacerse "pasando consulta mirando a la calle".  Para eso ayuda mucho la longitudinalidad (así llamamos al lujo de que siempre te atienda el mismo MFyC), es decir, "pasar consulta mirando siempre la misma calle".

La comunitaria también nos mueve a interactuar con ese contexto y ese entorno como parte del mismo.  Pero la realidad es que poder hacerlo depende por completo de la motivación del equipo.  Desde fuera no se promueven, no se facilitan, no se regulan, apenas se visibilizan.  No hay un tiempo ni un espacio de trabajo reservado para levantarse de las sillas y salir a conocer el barrio y sus recursos, hacer un mapa con los múltiples tesoros (activos) que en el barrio ayudan a mejorar la salud de sus gentes, acercarse a preguntar qué necesitan, darles voz y participación en la toma de decisiones, colaborar con ellos o simplemente acompañarles... Tristemente y casi siempre, todo queda relegado a acciones puntuales que salen adelante gracias al voluntarismo de unos pocos entusiastas.

Por suerte, aunque en su día la comunitaria parecía simplemente un complemento de mi especialidad, estoy rodeada de un equipo que piensa que es una tarea indispensable para la población, una labor irrenunciable para nosotros.  Contagiadme para que no se me vuelva a olvidar que mi Medicina Familiar y Comunitaria es indivisible.

12/06/2021: ¿y si fueras médica de prisiones?

Hace unos meses decidí acercarme a una realidad que para muchos MIR MFyC queda lejana y escondida.  Sus propios profesionales la definen como la gran desconocida, la gran olvidada, la sanidad de frontera.  Estoy hablando de la Sanidad Penitenciaria.

Y es que ser médica en la cárcel no se contempla durante la carrera de medicina y apenas se plantea en la formación MIR.  Tampoco la administración o la sociedad han percibido la prisión como un área de salud dentro del sistema sanitario, quedando relegada a un servicio coyuntural.  Incluso los muros de las cárceles suelen ser del mismo color que el terreno donde se construyen; tomando cierta distancia, apenas se distinguen en el paisaje.

La prisión forma parte de mi paisaje desde hace años.  La experiencia del voluntariado entre sus muros me tatuó una duda que llevaré mucho tiempo en la piel: ¿y si fueras médica de prisiones?

Decidida a responderme, solicité una rotación de un mes en una sanidad que es completamente diferente en todo y a todas las demás.  Si hoy volviera a entrar en prisión me gustaría recordarme lo siguiente:

Llegar al puesto de trabajo implica cruzar 9 puertas de seguridad que te separan de la libertad en todo momento, se abren, pasas, se cierran tras de ti y no se vuelven a abrir.  Antes de cruzar la primera puerta intenta abandonar todos los prejuicios que traigas. Tranquila, recuerda que el primer día te costó mucho entrar pero más te costó salir el último. 

Una vez dentro necesitarás ser paciente porque allí los ritmos no los marcas tú, ser tolerante con nuevos entornos y formas de trabajar (la cárcel está pensada para cumplir condena, no es un centro de salud, pero tú sí eres médica). Sé respetuosa con la autoridad que busca salvaguardar la seguridad de todos. 

Tendrás que seleccionar y utilizar los recursos de la forma más racional  y eficiente posible, conocer los problemas y enfermedades más frecuentes y estar dispuesta a manejarlos fuera de tu zona de confort.  Deberás asumir funciones de atención primaria, urgencias, centro de larga estancia o crónicos y socio-sanitarias. Ya sé que hace mucho que no sacas sangre, ni has cosido semejantes heridas, ni has puesto una escayola, manejado el aparato de rayos X ni el ecógrafo... espabila porque tienes a profesionales excelentes para enseñarte.

A veces sentirás que la labor clínica asistencial enfrenta al carácter legal-judicial-regimental, surgirán conflictos éticos casi a diario, haz una pausa, toma distancia y busca consejo en quienes ya los experimentaron, sabrás qué hacer.

En las películas la cárcel está llena de presos, quizá te decepcione la realidad cuando te encuentres con personas.  En la consulta piensa en el primer paciente que atendiste.  Llámale por su nombre, ya lleva muchos años oyendo su apellido y su módulo. Piensa que ahora eres su médica, no le condenes que para eso ya estuvo el juez, escúchalo porque a veces nadie más lo hará, quizá le cueste tomar decisiones compartidas y le parezca raro que preguntes su opinión porque lleva mucho tiempo sin decidir nada, cumpliendo órdenes.  Ten en cuenta que vive una marcada rutina donde cualquier pequeño cambio gana intensidad de forma exponencial y una llamada de un familiar, una visita, un juicio, una medida coercitiva, una instancia, un permiso, la salida a libertad... o no cambian nada o lo cambian todo.  Permite desde el respeto sus malos días, su frustración, tú eres libre de tenerlos y él también.  La privación de libertad no debería implicar peor salud, merecen una médica excelente, no lo olvides.

No es una experiencia apta para todos los públicos, la vocación penitenciaria te pareció sólo al alcance de personalidades valientes, fuertes e impasibles, pero ahora sabes que requiere fundamentalmente sensibilidad, compasión y compromiso.   Dudarás de si tienes lo que hay que tener muchas veces, no te estreses, no hay prisa, yo aún sigo dudando María.



06/06/2021: Los MFyCs no nacen, se forman

Cuando empecé a estudiar bachillerato con idea de hacer la carrera de medicina mi madre me dijo que aquello era "estudiar como una loca".  Cuando decidí especializarme en Medicina Familiar y Comunitaria, me dijo que esto es "estar toda la vida estudiando".   
Pues bien, toda la razón mamá, aunque lo llamemos oficialmente "formación continuada", efectivamente, es nuestro derecho y nuestra obligación actualizarnos, estudiar y mejorar siempre.  

No es fácil formar (darle forma) a una MFyC.  Hay que buscar una buena base para empezar a construir, juntar las piezas adecuadas, hay que pulir las asperezas y reforzar los puntos de apoyo.  

De vez en cuando salimos a buscar materia prima y ayer, un grupo inquieto de MFyCs, fuimos a Madrid a una jornada espectacular donde entre varios ponentes nos entregaron los materiales más selectos.  

Nos ayudaron a recordar las novedades de nuestra particular medicina en los últimos años, esas que a veces nos han obligado a darles la vuelta a las costumbres.  Nos presentaron nuevas herramientas que debemos incorporar a nuestra práctica poco a poco, y nos mostraron que aún hay mucho que conocer respecto a las que llevamos utilizando desde siempre, aún hay tanto que explorar...  Insistieron en mantener la mirada crítica y no caer en las inercias y las rutinas,  poner en el punto de mira lo que "toda la vida se ha hecho así".  Abrimos los ojos al concepto de la equidad, se hizo tangible y se metió en nuestras consultas.  Pusieron en valor nuestro trabajo, nuestra vocación, dejaron claro que la Atención Primaria no es un lugar y no dura 5 minutos.  Entre todos nos administraron una generosa dosis de energía para poder continuar "toda la vida estudiando".

Lo que más disfruto de las tardes de estudio ahora, es saber que detrás de todo esto que leo, subrayo, imprimo, guardo, habrá nombres de pacientes que podrán decir que me tomé el interés de hacer lo que en aquel momento parecía mejor.  Sé que nunca dejaré de estudiar pero ahora entiendo que no será para tener más títulos, para llegar más alto, para que no quepan en casa tantos libros... Sólo quiero "saber más para cuidar mejor".  

Y sé que como yo, hay tantos MFyC que nunca dejarán de estudiar.  Lo sé porque los tengo cerca, confío en que nunca dejarán de hacerse y hacer preguntas, de invertir su tiempo y esfuerzo en formarse y formar, de basarse en la mejor evidencia sin dejar de mirar a los ojos a su paciente.  No les deseo otra cosa que poder estar "toda la vida estudiando".




03/06/2021: Salgo de guardia

Hoy salgo de guardia.  Quiere decir que he salido pitando del centro de salud por la mañana hacia las urgencias de mi hospital de referencia, y he vuelto a casa al día siguiente con cara de pocos amigos, la voz gastada, arrastrando los pies, con la mochila que me va a estallar y mucho mucho sueño.

Hace 3 años que empecé a familiarizarme con esta forma de trabajar que exige conocer a nuevos pacientes todos los días, prestar atención a la gravedad y tomar decisiones muy deprisa.  Cada día que paso allí, entro y salgo de los boxes más serena.  He ido recopilando mejores y peores experiencias que me hacen orientar mejor mi trabajo.  Para bien y para mal hay pacientes que nunca olvidaré y otros que nunca me olvidarán; y todos van conformando la médico que busco en mi. 

A pesar de que ya son parte de mi rutina; aún me pongo nerviosa el día anterior a la guardia, aún preparo la mochila llevando más libros de los que luego consulto, aún pregunto a los compañeros dudas que surgen cuando te das cuenta de que cada caso tiene algo especial y de que no todos los pacientes caben en tus algoritmos,  aún reviso dos veces los informes que escribo antes de decidir, aún termino rendida mirando cuantos días tengo para coger fuerzas para empezar la siguiente.

Algunos MIR como yo dicen que lo mejor de una guardia es que termina.  Yo creo que lo mejor de nuestra guardia es compartirla.  Trabajar juntos, pensar acompañados,  saber que somos equipo, hacernos espaldas cuando las cosas se ponen difíciles y pedir pizzas para cenar si controlamos la situación.  El tandem perfecto se produce si la experiencia sale al rescate de quien da sus primeros pasos y su ilusión no deja que el cansancio hunda al mayor.  

Han pasado muchas noches de guardia y hoy salgo igual de cansada que el primer día, pero tengo la sensación de que, como tantas veces que he pasado a ver a algún paciente antes de irme, ha merecido la pena intentar estar a la altura.






30/05/2021: Conociendo a Dan

La otra noche, en una de mis guardias de Pediatría (noches de hospital infantil, de atender a pacientes desde 28 días hasta 14 años de vida, de lloros, de mocos, noches que a veces me regalan un dibujo abstracto, a veces me hacen dudar si no hubiera sido una pediatra feliz, a veces son noches de anticoncepción infalible).  Bueno, en mi última aventura con los pediatras, conocí a Dan.

Dan es un niño de ocho, ocho, ocho, ocho años, que no sonríe, no te mira, habla muy poco y se porta genial.  Dan viene por tos, tos, tos, tos, desde que esta mañana salió de su colegio de educación especial.  La madre de Dan me lo cuenta todo y yo me pongo mi EPI para escuchar cómo funcionan los pulmones de Dan y verle la garganta.

A Dan no, no, no, no le parece una buena idea y menos con las pintas que llevo.  Sentado en su silla está ocupado contando todas las cosas que tengo en el box, cuenta hasta llegar a cuatro, cuatro, cuatro, cuatro, porque es su número favorito.  Todo lo que dice lo repite cuatro veces porque creo que a él le suena muy bien así y yo me entero mejor.

Dan nunca se quita la ropa, "no toques el rojo" me dijo agarrándose la camiseta de ese color.  Al intentar colocarme cerca para negociar con él... rocé su zapatilla.  Enfadado y lloroso me aclaró "ya vale, ya vale, ya vale, ya vale".

Su madre me explicó que Dan sabía de sobra lo que iba a pasar: conoce la exploración al dedillo, pero Dan no tiene un pelo de tonto, tiene un TEA (trastorno de espectro autista) y tiene muy claro que hay una forma de hacer las cosas que va más con su estilo. 

"Así, así, así, así", cogió mi fonendo y lo fue colocando donde se escuchaba perfectamente su corazón y sus pulmones, y donde no llegaba a colocarlo, su madre le ayudaba con cuidado.  Cogió el otoscopio y lo puso en sus oídos, luego me dejó manejarlo para ver ese tímpano brillante, abrió la boca mirando al techo para ver esas tremendas anginas inflamadas y al cerrarla dejó claro de nuevo "ya vale, ya vale, ya vale, ya vale".

Pues sí Dan, ya vale de pensar que sólo hay una manera de hacer nuestro trabajo.  Gracias por ponerme en mi sitio, que está donde tú quieras que me ponga, gracias por colaborar conmigo aunque yo no colaboré contigo,  me has dado una lección diciéndome tan solo cuatro cosas muy bien dichas, déjame que te de las gracias, gracias, gracias, gracias.


22/05/2021: Al volante

Ayer me recorrió el mismo hormigueo que a los conductores noveles al meterse en la autopista.  En la consulta, AC siempre viene de copiloto, como cuando en la autoescuela cuentas con las indicaciones del instructor y sabes que hay un freno de emergencia que controla.  Pero un día montas sola en el coche y, aunque conoces la ruta, el volante es sólo tuyo.

Ayer AC se bajó del coche y a mi me faltaban manos, me volaba el tiempo, la consulta era gigante, el ordenador muy lento, el teléfono pequeño, mi sello era más pesado, la mesa más bien mi salpicadero, ¿quién me ha dado un ferrari si yo he pedido un renault 5?

¿Y si hoy tengo dudas? ¿Y si hoy me retraso? ¿Y si hoy algo falla? ¿Y si hoy fallo yo? Espera... ¿No son estos los riesgos que existen siempre que alguien coge el coche?  Tranquila, conduce con prudencia, ponte el cinturón, no pasa nada si algún tramo hay que ir más despacio, si tienes dudas para y piensa, si algo falla intenta repararlo y seguir (recuerda que AC sigue siendo tu asistencia en carretera), si fallas tú baja del coche un momento y descansa o busca compañía.   

Mi primer viaje de consulta en solitario duró unas tres horas, y una vez arranqué todo fue rodado y puedo decir que lo disfruté.  No sé si yo llevé la consulta o fue la consulta la que me llevó a mí.  Sé que me queda mucho por aprender, me falta práctica en las curvas cerradas, hacer rutas más largas, coger velocidad... 

Un año entero tengo para ir conduciendo llevando mi "L" (dentro de tres días seré MIR R4 MFyC), un poquito sí me pesa la responsabilidad, algo de vértigo tengo si veo lo rápido que han pasado los tres últimos años, una pizca de inseguridad siempre queda pero me mantiene alerta.  Pero no hay prisa, voy bien acompañada y tengo gasolina y muchas muchas ganas.


15/05/2021: Nuestro particular jenga

El otro día, nuestra súper enfermera abrió la puerta de la consulta (porque trabajar en equipo implica asomarnos de vez en cuando para compartir impresiones) y cuál fué su sorpresa al econtrarnos haciendo una pausa entre paciente y paciente para... ¡echar una partida al jenga!

Sabréis (o estaréis googleando) que jenga es un arriesgado juego de mesa que requiere máxima atención, concentración, paciencia, un exquisito sentido del equilibrio y total prudencia en cada movimiento, buscando siempre la seguridad.  ¡Anda! Lo mismito que necesitamos para recetar (prescribir) o retirar (deprescribir) medicamentos.

Efectivamente, con mucha frecuencia sacamos en la consulta nuestro particular jenga.  Casi con cada nuevo motivo de consulta, con cada decisión, retomamos por un momento la partida revisando la medicación de los pacientes.  Y a veces entraña verdadera dificultad y requiere un esfuerzo añadido, sobre todo con nuestros pacientes polimedicados.

Las primeras fichas son sencillas si la base es firme y la partida transcurre con tranquiliad,  un movimiento cada vez, con órden y por turnos.  No ponemos una pieza que no sea imprescindible, aquí movemos ficha con la premisa de que "medicamentos, los justos".  Las colocamos con mimo, buscando el momento y el lugar apropiados.   

A veces encontramos piezas que sobran, que ya no son necesarias, que nos están generando un problema o aumentan el riesgo de caída.  Las piezas, como los fármacos, se retiran también con precaución, despacio, a veces cualquier movimiento puede descompensar el peso.  

Se tambalea la receta porque alguna necesita de un pequeño ajuste, se palpa la tensión al modificar las posiciones, vigilamos de cerca que el efecto sea el correcto.

Pero los MFyC no jugamos solos, a veces nuestros compañeros del hospital o de otras consultas juegan sus movimientos.  Con más o menos fortuna nos echan una mano y de nuevo el turno es nuestro.

En ocasiones incluso tenemos que consultar el manual de instrucciones, los fármacos tienen sus propias fichas técnicas, seguimos guías y hay mucho escrito sobre como quitar y poner... pero tenemos en mente que cada partida, cada paciente, son únicos.

Entre partida y partida los MFyC cuidamos de la torre y del paciente, procurando que sigan en pie, hasta que vuelvan a consulta y surja la duda: "mmm... necesitamos revisar el tratamiento, por favor deme un momento."  "¡AC! ¡Saca el jenga!"


12/05/2021: la pregunta de JG

Hoy hemos terminado la mañana como más me gusta; con visitas domiciliarias.  
Si hay algo que hace verdaderamente diferente la MFyC, y que a mi me cautiva cada día, es que esta medicina se mueve.  A mí me saca de mi zona de confort, me levanta de la silla, me arrastra a la calle y me adentra en la intimidad de los pacientes si ellos me dejan pasar.  Y es que hay personas que no pueden desplazarse hasta la consulta para vernos, que no podemos atender a través de un teléfono, hay personas como JG, que necesitan que acerquemos la medicina a sus casas.

A sus 96 añitos, JG vive en una residencia de ancianos, bueno ahora vive entre una cama y un sillón, bajo su manta de cuadros.  Nos cuentan que desde hace semanas no le apetece mucho comer ni beber, no tiene ganas de hablar, no se mueve, todo le cansa, pero está tranquila y quiere dormir.  

La encontramos dormida bajo su manta y junto a la ventana, con una radio encendida que han colocado con cariño sus cuidadoras porque la mantiene relajada.  Con cautela echo un vistazo, me acerco, cuento sus respiraciones, miro su color de piel, le tomo el pulso y sin querer la despierto, me agarra de la mano que intentaba encontrar un ritmo en su muñeca, abre un poco los ojos, me mira y me pregunta aún adormilada "¿oye, me muero?".  Me descolocó y solo acerté a devolver una caricia en su mano y contestarle sin pensar: "ahora no JG".  Me permitió explorarla, contestó con calma que no tenía dolor, que no necesitaba nada, volvió a su murmurada ecolalia habitual y se quedó plácidamente dormida de nuevo cuando nos despedimos.  

No le mentí, aún no se muere, pero no le dije toda la verdad, probablemente no tarde mucho más.  Aunque no sé si JG lo recordaría debí decirle que no coma si no quiere, que no hable si no puede, que disfrute de la música y de la ventana y que no me importa volver siempre que nos necesite hasta que le apaguen la radio, hasta que se apague su vida.

09/05/2021: Tómatelo con humor

Hay varias maneras de afrontar que todos los días habrá algo que no salga como esperaba, o que varias cosas se tuerzan, o que absolutamente todo se vuelva del revés.

Hace unos días, en la consulta con AC, encadené varias llamadas telefónicas complicadas durante un rato de la mañana que incluían una confrontación, un monólogo irrefrenable y algunos reproches por esta nueva forma que tenemos de hacer medicina que, a mí particularmente, tampoco me gusta demasiado.  

Para culminar la sesión matinal, el ordenador se reveló contra mí expresando en la pantalla curiosamente lo mismo que yo sentía.  Con total descaro me dijo "Error", se bloqueó y no quiso continuar el trabajo hasta no reiniciar el programa.  Me sacó de quicio y la emprendí con él, pero tenía toda la razón... es muy frustrante que las consultas a veces no salgan como yo espero y también quisiera para, gritar "¡error!" y dejar de funcionar.  

Pero entonces reparé en AC, que estaba a mi lado aguantándose la risa al verme absurdamente enfadada con la pantalla de un ordenador.  Y como no solo es experta en cuidar a pacientes sino también a inexpertos residentes como yo, paramos un momento, cogimos aire, lo vimos con perspectiva, y yo también me reí.  Me reinició sin darme yo ni cuenta.   

Siempre tendré imprevistos así, pequeños fracasos, algunos sinsabores, pensar lo contrario creo que es el "error".  Me tengo que acordar de donde tengo mi botón de reiniciar, AC parece que lo tiene localizado.


05/05/2021: Deprisa

Tengo la sensación de que los MIR MFyC tenemos, casi siempre y por cualquier motivo, mucha prisa.  Me doy cuenta de que voy casi corriendo a todas partes aunque no llegue tarde, y si mientras camino puedo oír o leer las últimas noticias, mejor.  Suelo hacer dos cosas a la vez (porque tres son multitud) y acostumbro a exprimir hasta los últimos minutos del día robándome casi siempre ocio, con frecuencia descansos y a veces sueño.  Estudio a diario mirando el reloj, leo deprisa y escribo abreviando.  Me organizo con listas, colores en el calendario, algunas alarmas (citas, cursos, guardias, compromisos, plazos, temas o pacientes que repasar), priorizo, aplazo y a veces renuncio.   

En las guardias pongo el turbo porque la urgencia suele requerirlo, en la consulta vamos ligeras porque la gran cantidad de trabajo nos lo impone, en casa me doy garbo ya por no perder ritmo.  Y así, cada día parece una contrarreloj contra el anterior, mientras cuerpo y mente aguanten.  Sólo me dí cuenta de lo deprisa que iba cuando de verdad me permití parar.

Después de unos días de freno puesto, empiezo de nuevo a rodar despacio.  La inercia me llevará a la carrera, a ver si me acuerdo de que tengo que ir a la velocidad que me permita apreciar el paisaje con nitidez.

Todos los días necesitaré mucho tiempo para ser médica, y un ratico para estudiar como serlo mejor.  Necesitaré una pausa para mi ocio y un instante para el silencio dentro de mi.  Y querré un momento para estar sola y muchos para ser pareja, para ser familia y para ser amiga.

No he podido evitar volver rápido al trabajo, prometo que ni llego tarde ni tengo prisa, fue como correr a abrazar a quien echabas de menos.



11/04/2021: Enlazados

¿Qué haces cuando necesitas conectar con algo que te queda lejos?  Yo busco a Ángel, él es mi enlace.  

Es mi enlace con el hospital.  Ángel es MIR MI, quiere decir que es médico residente en medicina interna.   Ejerce una medicina general que habita en la planta del hospital, cuando el paciente ingresa y saber lo que le ocurre o poner algún remedio corre cierta prisa o requiere de muchas manos.  Ángel mira a sus pacientes intentando poner órden en el puzzle de síntomas y signos, cuenta con muchas pruebas que debe utilizar con sensatez pero sin miedo, tiene muchas vías y tipos de tratamientos; y tiene que elegir siempre desplegando múltiples rutas y barajando muchos escenarios; porque la descompensación y la complicación de los procesos acechan bajo las camas.  

Yo le pregunto cómo cuidan de quienes pasan unos días allí, él me pregunta cómo acompañamos la vida fuera.  Ojalá consigamos que nuestros pacientes disfruten de un enlace entre su casa, su centro de salud y el hospital.  Se aprenden muchas cosas al mirar con los ojos de quien trabaja en el extremo opuesto pero con tu mismo objetivo, cuidar de las personas.  

Además de un excelente enlace médico, Ángel es mi enlace en casa.  Consigue enlazar mi desorganización y mi caos con el órden, mi prisa y mi impaciencia con la calma y la quietud, también mi optimismo ciego con los "peros" oportunos, a veces me enlaza en sus preocupaciones y en sus quejas, otras veces en su ilusión.   Somos un equipo, buscando el equilibrio en cuidar de uno mismo, del otro y de lo común.

Dentro y fuera del hospital mejor trabajar haciendo espaldas que enfrentados.  Mejor intentar complementarnos en lugar de competir.  Mejor tener en cuenta, sumar las fuerzas, buscar aliados.  Mejor enlazados.



06/04/2021: La sutura de herida más complicada

Hoy salgo de una guardia de traumatología.  La trauma urgente abarca muchas cosas, pero lo más frecuente es el dolor después de un golpe,  esguinces, fracturas, quemaduras, heridas... He recordado que hace 6 o 7 meses, en una de estas guardias, conocí a Marta.

Marta es una chica jóven, que aún va al instituto, que se hizo un corte superficial pero bastante largo en su antebrazo derecho, una noche de verano.  Mientras me preparaba para coserle, le iba preguntando: "¿cómo y cuándo te la hiciste?, ¿te has puesto todas las vacunas?, ¿eres alérgica a algo?, ¡mueve los dedos de la mano!, ¿notas que te toco?"  Ella no contestaba tan apenas, asentía y lloraba sentada en la camilla.  Entonces me di cuenta, no lloraba por el dolor del corte: "Marta, cuéntame qué pasa, quiero escucharlo".

Me dijo que su madre había fallecido hacía un año, que se sentía sola y que se había hecho mayor deprisa y derepente; que el corte se lo había hecho ella misma porque "esta es la única forma que tengo de gritar sin que nadie me oiga".   Fue fácil anestesiar la piel pero el dolor venía de otro sitio,  el duelo le sangraba día a día, nadie cura una herida como lo hace una madre.  Empecé a suturar y me siguió contando.  Algunas noches imaginaba que hablaba con su madre, que aún estaba con ella, pero esa noche sólo hubo silencio y la sintió tan lejos que le quiso gritar tan fuerte como pudo y se le abrió la piel.

No pude evitar dejar caer alguna lágrima cuando me lo contaba, y al verme conmovida ella se serenó.  Creo que fueron 10 o 12 puntos en el brazo, difíciles de dar como ninguno.  Acordamos que si el corte en la piel necesitaba curas todos los días con betadine y dejar un tiempo los puntos de sutura,  la herida más profunda también necesitaba constancia en sus cuidados, quiso retomar los recursos que hacía un año le habían ayudado.  Acordamos que intentaría no gritar de nuevo, que su madre la escucha si susurra hacia dentro.

04/04/2021: usted no es médica de urgencias

Antes de contar esta historia tendría que aclarar que los MIR MFyC como  yo, hacemos guardias.  Quiere decir que, aparte del trabajo de la consulta por las mañanas, tenemos 4 o más bien 5 días diferentes al mes.  Son días en los que no descansas porque de la consulta corres hasta la urgencia de tu hospital de referencia y no sales de allí hasta las 8 de la mañana del día siguiente.  Da vértigo la suma pero suponen 24 horas de ininterrumpido trabajo.

Pues bien, en una de esas madrugadas de guardiana conocí a Manuel, mi oncopaciente favorito.  Tiene un tumor que le ha dejado múltiples réplicas de si mismo por el cuerpo y sabe que no le va a dejar envejecer.  Le da la lata porque a veces le duele, a veces le sangra, a veces le angustia; pero con un poco de ayuda lo va manejando y solo necesita venir a urgencias de vez en cuando.  

- "Bueno Manuel, todo ha salido más o menos en su línea, hoy no necesita que le pongamos sangre, el dolor está controlado y, lo más importante, usted quiere irse a casa y descansar allí y yo no se lo voy a complicar si está en mi mano".  

Conforme con el plan, lo llevaba con su familia para hablar también con ellos, cuando me sorprendió diciendo:

- "María, usted no es médica de urgencias, ¿verdad?"

- "Hoy sí Manuel, pero el resto de los días soy médica de cabecera.  ¿Porqué me lo pregunta?"

- "Porque parece de esos médicos que vienen a mi casa y me preguntan lo que prefiero hacer.  Así que muchas gracias, no le diré a nadie que usted no es médica de urgencias." 

Y para qué explicarle nada más si él ya tiene claro a dónde pertenezco.  Gracias a ti Manuel, guárdame el secreto.




02/04/2021: Fantasmas

Aquel paciente al que no supe ayudar, ese error de hace años del que no puedo olvidarme, ese paciente con el que me enfadé, aquel médico que me dijo que no conseguiría mi objetivo o que no estaba preparada, la oportunidad que dejé pasar, ese paciente al que perdí, un tiempo mejor para mi vocación que echo de menos...

Son algunos de mis muchos fantasmas.  Algunos tienen nombres y apellidos, otros tienen fechas, otros lugares.  Algunos pesan mucho y a momentos me anclan en el pasado, me frenan porque los he ido arrastrando.  Otros son más livianos, más amables y solo me acompañan no dejando que olvide lo importante.  Muchos incluso me invitan a continuar, a mejorar, a superar incluso mis propios límites. 

Su presencia es inevitable, pero me dejan decidir la posición que ocupan en mi vida.  Podría recluirlos en mi sótano, negar que están conmigo, o colocarlos en el centro y dejar que me invadieran por completo.  Decido mantenerlos a mi lado, dejar que mientras avanzo ellos me sigan, prestarles atención de vez en cuando.  

Decidirlo no es fácil, tengo que reafirmarme con frecuencia.  Tengo que mantener mi autoexigencia a raya, aprendiendo a tolerar y a tolerarme, a ser más indulgente, con todos, conmigo.  Mis fantasmas lo saben, tenemos un acuerdo.


30/03/2021: con R mayúscula

Hoy estoy en la consulta con MMB.  Ella es ahora MFyC pero hace muy poquito era MIR como yo.  

Cuando empecé me pusieron las coordenadas de R1.  Es fácil situarse, quiere decir que yo era residente (R), en mi primer año de formación (1).  Ella se localizaba ya en el R4, estaba en su último año y manejaba todo lo que yo aún desconocía.  Entonces decía de ella que era mi "R mayor".  Todos tenemos compañeros más mayores que nos preceden en esta aventura de la residencia, que nos han enseñado a empezar a volar solos, nos han aconsejado en la práctica de nuestra profesión y nos han acompañado en todos los cambios que pega nuestra vida conforme cambian también las coordenadas.   Ella me contó lo bueno y lo malo que encontró y yo siempre escuché con la admiración y el respeto que se tiene a quien te cuenta una experiencia que pronto será también la tuya, aunque cada cual sea diferente.  

Ahora tendrá coordenadas nuevas, A3 nada menos, ahora es adjunta (A) desde hace tres años (3).  Por suerte sigue muy cerquita, en nuestro centro de salud, y aún podemos compartir espacio muy de vez en cuando.  Ahora que está estudiando la oposición me actualiza un paso más allá, ella va siempre abriendonos camino, haciendonos senda.  Ya no puede ser mi R mayor, aunque yo siempre la sentiré así, he decidido entonces que ella es mi R mayúscula.  

Gracias por todo MMB, de parte de tu R pequeña.


 

27/03/2021: El amarillo gana al blanco

Ayer costó que el amarillo derrotase al blanco.  Aunque AC me ha entendido, mejor voy a explicarlo.

La lucha de colores ocurre cada día en la pantalla del ordenador de la consulta.  Cada mañana nos prepara una ensalada de pacientes, colocados uno tras otro, una lista llena de nombres y apellidos, todos en color blanco.  Conforme avanza la consulta va pintando de amarillo los nombres de pacientes que ya hemos atendido, y así, va perdiendo terreno el blanco frente al amarillo.

Ayer se hizo un poco cuesta arriba empezar con tantos nombres en pantalla, se preveía una dura batalla.  Perdimos el primer asalto al ver como surgían nuevas citas urgentes que añaden nuevos nombres blancos a nuestra lista, nunca es fácil lidiar con las interrupciones.  Pero el segundo asalto lo ganamos con ayuda, porque algunos pacientes necesitan más bien poco de nosotras, solo echar un ojillo cuando la enfermería los lleva de la mano.  Poco a poco terminó la consulta, y pese a estar nosotras derrotadas, queda la lista entera pintada en amarillo victorioso.

Pocas veces me ocurre, pero después de una mañana intensa al lado de AC, suspiramos las dos casi al unísono dejándonos caer sobre el respaldo de la silla, mirando la pantalla que aunque ahora está amarilla, mañana nos espera toda entera de blanco.

25/03/2021: Recuerdo un golpe de suerte

Hace casi 5 años yo era una estudiante de medicina durante su mes de rotación en MFyC. Siempre había pensado que la medicina de familia no era para mi, que era aburrida, sencilla y desagradecida, pero quise acercarme un poco más, sólo para confirmar mis sospechas.  Aterricé en el que ahora es mi centro de salud, cargada de prejuicios y reticencias, sin esperar mucho ni poco, sin contemplar que igual estaba equivocada.  No imaginaba claro, que todo cambiaría cuando conocí a CCS, un MFyC, uno muy especial.  

Él me hizo un hueco a su lado para observar el espectáculo de su consulta, me descubrió una medicina de verdad, diferente a todo lo que había estudiado, que atiende a las personas sin tantas etiquetas, medicina que escucha, siente y padece, que va a la casa de los pacientes y que no dura de 8 a 3.  Me enseñó a luchar con la incertidumbre, llevando la ciencia en los bolsillos, la impaciencia en los pasillos y el tiempo acechándote.  Me dio razones para buscar la excelencia al ejercer y motivos para seguir cuidando cuando "ya no hay nada que hacer".  Me sembró una duda por la piel.

Desde entonces siempre encuentro la puerta de su consulta abierta, a veces de par en par, a veces una rendija, lo justo para ver que aún está conmigo.

Alguien que resuelve mis dudas se vuelve alguien importante, pero quien me plantea nuevas preguntas y me da las herramientas para formular mis propias respuestas, se convierte en imprescindible,  como CCS.  Él me regaló una duda decisiva; me acordé de su consulta, sus pacientes y de él justo antes de elegir mi especialidad, la suya.  Por un golpe de suerte hoy voy camino de ser médica de familia, gracias por provocarlo CCS.


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